viernes, 14 de julio de 2017

El bar de las grandes esperanzas, J. R. Moehringer



Tengo las letras españolas un tanto abandonadas este año y no me había dado cuenta hasta ahora. Cero novelas españolas y estamos a Julio. Por lo que hoy toca hablar de un autor norteamericano, que posee una típica sonrisa de niño bueno americano y da la impresión de serlo desde la cuna. Al menos eso pensaba siempre cada vez que veía su posado en la solapa del libro.



Leer El bar de las grandes esperanzas, que a la sazón es la propia historia del autor desde su infancia, despeja esa idea y plantea la pregunta de si de verdad ese chico con cara de buen hijo fue de verdad tan crápula y bebedor en el Dickens, bar al que se refiere el título del libro. Un bar ubicado en el barrio del Gran Gatsby, donde viven sus abuelos. Donde él vive a temporadas con ellos en una decrépita casa, cada vez que su madre es incapaz de sacarle adelante con sus trabajos precarios, o donde su madre le envía en verano cuando por fin es capaz de encontrar un trabajo medio normal en otro estado. 

Su madre es el pilar fundamental de su vida, debido a que la mujer abandonó al padre para dejar de sufrir malos tratos. Eso no impide que J.R. anhele la presencia del hombre durante casi toda su vida y lo busque cada noche en las ondas de la radio, ya que su padre es locutor de un programa musical. 

Pero también J.R. es el pilar fundamental para su madre, ya que la mujer vive volcada en su bienestar, y trabaja hasta la extenuación con el propósito de conseguir que el niño acabe estudiando derecho en Harvard. 

A lo largo de sus 500 páginas veremos como este niño carente de una figura paterna de calidad a su alrededor, irá buscando experiencias que colmen esa parte y que le ayuden a convertirse en el protector de su madre. Además de ir viendo cómo se perfila una personalidad, cómo resuelve las tribulaciones habituales en el comienzo de la vida adulta. 

El autor no cuenta sólo hechos, sino también cómo se siente en la mayor parte de las situaciones que vive, por lo que leer el libro es una delicia, es como quedar con un amigo que te cuenta qué ha sido de su vida cuando hace mucho tiempo que no le has visto. J.R. no escatima en detalles, en ironía, en humor y en referencias culturales, sobre todo de su época de estudiante universitario. 

Este libro me dejó varios párrafos de los que me gusta anotar. Este puede que sea mi favorito:

- No soporto esa pregunta - le dije -. No soporto que la gente pregunte de qué va un libro. La gente que lee buscando una trama, la gente que chupa historias como si fueran la nata de una galleta Oreo, debería quedarse con los cómics y las telenovelas. ¿Que de qué va? Todos los libros que merecen la pena van de emociones y de amor y de muerte y de dolor. Va de palabras. Va de un hombre que se enfrenta a la vida. ¿Te vale así?

Pues de esto va esta novela-biografía. Y por tanto os la recomiendo si os gustan las palabras, las emociones y las historias de personas que se enfrentan a la vida.

Felices lecturas de verano.

viernes, 7 de julio de 2017

Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff



Hoy he terminado de leer esta novela, y aunque tengo otras de hace tiempo pendientes de reseñar, no he querido dejar pasar el tiempo y la frescura de la lectura y las sensaciones que me ha dejado, para contaros sobre esta historia.


Angelika Schrobsdorff es una autora alemana de origen judío, nacida en 1927. Ha escrito otras novelas, pero esta ha sido la más vendida y también traducida a otros idiomas. Y no es para menos. A lo largo de casi 600 páginas nos cuenta la vida de su madre y la suya propia hasta aproximadamente sus 18 años.  Os podéis imaginar que dada la fecha y lugar de nacimiento, vivió el alzamiento nazi, así como la II Guerra Mundial, y sufrió junto con su madre el hecho de ser judía.

Aunque se trata de una novela, narra de forma detallada vidas reales, que pasan de vivir la felicidad y la despreocupación de los años 20, rodeados de comodidades, a sufrir el exilio, los bombardeos, las penurias de una guerra y el miedo constante por mantenerse con vida.

De acuerdo con el título, la madre de Angelika, Else, no fue una madre normal. No al menos en los inicios de su maternidad. Como yo lo he visto, se trataba de una mujer apasionada, con sed de mundo y con una gran y sincera capacidad de adaptación. Tuvo 3 hijos, uno con cada uno de los hombres a los que amó, y tal y como era su deseo. Según pasan los años y van llegando las penurias, sí reconozco en Else a una madre como las otras: constatemente preocupada por la integridad física y moral de sus hijos, una loba que cuida de sus cachorros y los pone a salvo contra viento y marea. 

A lo largo de las páginas, asistimos también a la transformación de la propia Angelika, la más pequeña de los 3 hermanos, una niña poco común que apenas asiste a la escuela, que prefiere el contacto de los animales al de las personas y que vive con mucho apego a su madre, de la que es incapaz de separarse, cual bebé indefenso, hasta llegar a los 16 años. A partir de ese momento, su cinismo, su frialdad y la saturación del miedo vivido, hacen que su comportamiento parezca poco apropiado para una hija con esa trayectoria de apego. Y contando que la narración llega hasta sus 18 años, cuesta asumir un cambio tan radical en tan poco tiempo. Ni ella misma es capaz de explicarlo, y así lo expresa al lector, incapaz de enteder qué le pasó.

El telón de fondo de todas sus vivencias incluye el alzamiento nazi, los decretos consecutivos que fueron mermando poco a poco la libertad de los judíos en Alemania, el exilio, donde en contra de estar a salvo sufren bombardeos y un nuevo éxodo hacia zonas rurales, donde, curiosamente la protagonista descubre la felicidad esencial de la vida, la sensación de sentirse a salvo y de ser libre.

Como lectora, recomiendo su lectura. Ayer que llovió tanto y pasamos la tarde en casa, apenas pude despegarme del  volumen. Esta noche me desvelé y muy contenta seguí leyendo hasta que me volvió un poco el sueño. Las páginas se beben y parece mentira que en la vida de una sola persona se condensen tantas alegrías y tantas desdichas. He disfrutado de su lectura, a la vez que he sufrido por esta parte de la Historia. Me ha hecho pensar sobre los éxodos de civiles inocentes que a día de hoy se siguen produciendo y me parece mentira que la humanidad no terminemos de aprender de los errores pasados. 

Si tenéis ocasión, leed este libro.

viernes, 30 de junio de 2017

Llegando a fin de mes



El mes comenzó fuerte con un domingo en la Feria del libro, a tope. Pude charlar brevemente con Carlos Sadness. Mi idea era saludarle en plan "quién eres túuuu", pero los nervios me traicionaron absurdamente y creo que quedé en plan "típica seguidora de encefalograma plano". Una pena, qué queréis que os diga. 



Aunque conseguir que me firmase su libro de ilustraciones fue una pasada, os diré que casi lo fue más el hecho de que esta jornada consolida otro de los clásicos que voy creando con mi amiga María, ya que es el segundo año que nos damos un garbeo por las casetas, comemos en el césped y rematamos faena en La mejor tarta de chocolate del mundo. Este año yo opté por un pastelito de Belem que me pareció un bocado delicioso.

Después de la feria del libro nos dejamos caer por la cuesta de Moyano, a la que hacía siglos que no iba. Para nosotras os garantizo que este plan es algo muy parecido a lo que debe ser el paraíso. Tantos libros, tantas historias... Acabamos en los puestecillos de artesanía que hay al final, y nos reímos bastante probándonos los anillos que cambian de color y te dicen cuál es tu estado de ánimo. Prometo que este verano me compro uno. Y si os doy tanto detalle de este día es porque los planes sencillos cada día me gustan más.

Gracias desde aquí María, por ser mi más mejor amiga, por aguantar mis quejas y desvaríos. Hablar contigo es como hablar conmigo misma y me ayuda tanto... me ayuda tanto que cambiaste el rumbo de mi mes y hoy, 30 de Junio, me siento muy alejada de la chica que en el césped del Retiro se sentía agotada y te relataba todas aquellas cosas que no le gusta ser.

Es mes tambien empezó a tope en la cocina: bizcocho de almendra, helados de chocolate (sí, hemos vuelto a hacer esta delicia) y pan de espelta. Me he comprado un libro de pan casero y poco a poco voy interiorizando conceptos que me ayudan a mejorar mis panes. Me he dado cuenta de que se puede entablar un diálogo con la masa... y que por mucho que en una receta te ponga que en 2 horas va a estar lista para hornear, es ella la que debería decírtelo. Con el calor de mitad de mes y varios fines de semana fuera de casa, tengo la panadería un poco parada, aunque confieso que aún me quedan provisiones en el congelador, por lo que no me ha hecho falta meter las manos en harina.

En el apartado lecturas, he acabado un libro del asteroide del que espero hablaros pronto. Las reseñas se me están acumulando... Aunque sé que si de repente sólo hablo de libros alguien se me quejará. Jejeje.

Y si os pensábais que no os iba a hablar del bibliobús, estabáis equivocados. He arrasado para todo el verano: 8 libros (6 si contamos que uno es de cocina y otro infantil) se han venido de vacaciones a casa. Tengo ganas de hincar el diente a cada uno de ellos.

El mes ha dado hasta para irnos de viaje con los amigos. Estando como estoy en una fase de implicación familiar con los niños, introspección personal y enganchada con otro libro, confieso que no he sido el alma de la fiesta, ni siquiera un palmero... Pero igualmente confieso que me ha parecido un fin de semana delicioso, provechoso y productivo. 

Apartado películas. Me he convertido al La La Landismo. O lo que es lo mismo, formo parte de la mitad de seres humanos que adoran esta película. En su día quise ir al cine a verla, pero no hubo ocasión. Sé que en Julio la proyectan en algún cine al aire de Madrid. Y quién sabe... puede ser una ocasión. Sigamos nuestros sueños, intentemos no romper los sueños de los demás. Si además vestimos bonito y bailamos al son de nuestra canción, el éxito es seguro. Lloré un poquito al final. Mientras amasaba mi pan de espelta. Que no os creáis que yo soy capaz de estar quieta en el sofá mirando la tele. En fin.
 
El broche casi final del mes ha sido mi primera noche de San Juan en la playa. Me he pasado dos días con un nudo en la garganta de felicidad y plenitud que hacía mucho tiempo que no sentía. Son de esos momentos con mucha gente haciendo lo mismo, lo mismo y encima bonito, con sentimiento... Son cosas que a mi me ponen los pelos de punta y me hacen llorar. Fue una noche cargada de simbología, mágica, hechizante y agradezco profundamente haberla vivido y haber podido disfrutar y sentir como lo hice.

Como os contaba en el anterior fin de mes, y tras aceptar apuestas ;) os diré que he conseguido levantar el pie del acelerador. Un día de paseo por el centro de Madrid me sirvió para darme cuenta de que me paso la vida abarcando más de lo que puedo, todo por la sensación que tengo tan a menudo de que me van a faltar vidas en esta vida. Pero así tampoco llego a ningún lado. Así que me he calmado. Bastante. Quizá he renunciado a cosas. He comprado paciencia de uso infantil y estoy bastante satisfecha del resultado. Este mes no me planteé objetivos. He ido improvisando. O más que improvisando, he ido conectando. Si he conectado con un tema he seguido adelante. Si no he conectado, lo he dejado pasar hasta que me ha llegado el momento idóneo. Y estoy bastante contenta. Pero no se hasta cuando seguirá conmigo esta etapa de conectividad.

Este mes, en el que el curso ha terminado, los horarios han cambiado y las rutinas ahora también son otras y semanas después del evento amasar pan-ver película, de manera mágica he conseguido sentarme en el sofá sin pensar en que tendría que estar haciendo otra cosa, me he tumbado en la terraza a jugar con mis hijos y me he preguntado ¿qué hacía yo antes con mi tiempo?

Acabo Junio y os cuento que nunca he tenido un diario. Llegar a fin de mes y contarlo aquí es lo más parecido que he hecho nunca. Confieso que a veces no me resulta fácil, y prueba de ello es que el año pasado no terminé "la saga" y me di por vencida. Es el sexto mes consecutivo en el que os he contado sin mucho filtro mi día a día. Sé que a muchos os gusta. A mi me sirve para hacer balance, para ver que muchas veces no consigo lo que me propongo, y otras veces sin proponerme nada consigo cosas o me pasan cosas que una vez deseé y había olvidado. Como vivir una noche de San Juan.

Mi vida es como la vida misma. Como cualquiera de vuestras vidas. Ni mejor ni peor. A veces, como en este mes de Junio, conecto con ella. Y me gusta. Me enamora. Me hace feliz. Y le agradezco. Y sé que puedo pedir mucho más. Pero también sé que lo que tengo me colma. Y lo valoro. Lo quiero. Y de nuevo lo agradezco.

Y empieza el verano. Y no se si seguiré tan profunda, o si me daré a la ligereza de los cuerpos en las noches de verano. Admito sugerencias.
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