miércoles, 7 de junio de 2017

Leche de almendras y bizcocho de almendras

Hacía tiempo que no traía recetas, así que hoy toca un 2x1. Ambas son tan fáciles, que en menos de una hora las podéis tener listas.

Como os contaba el otro día, me he aficionado a la leche de almendras casera. El sabor del café del desayuno cambia, pero también he visto otros cambios físicos que merecen la pena. Y cuando hablo de un cambio de sabor, no es un cambio a mal. Tan sólo distinto. Lo mejor de hacerla en casa es que controlas el punto de dulzor y es muy satisfactorio conseguir con tus propias manitas una bebida nutritiva y sana.

Por otro lado, y para aprovechar la pulpa de las almendras molidas, me aventuré a hacer un bizcocho adaptando ingredientes y cantidades. Y el resultado fue satisfactorio. Así que supongo que caerá más veces.

Leche de almendras
Ingredientes
100 gramos de almendras peladas
1 litro de agua
Miel al gusto

Elaboración
Poner las almendras en remojo, al menos durante 8 horas
Transcurrido ese tiempo, desechar el agua del remojo y aclarar las almendras
Echarlas a la thermomix junto con un litro de agua y miel o endulzante al gusto. Yo suelo echar una cucharada sopera de miel.
Programar 1 minuto velocidad 8 y listo. 
Sólo queda el paso que lleva más tiempo: filtrar la leche con un colador de tela para separar la pulpa y poder disfrutar de una leche de almendras sin tropezones.




Bizcocho de almendras
Ingredientes
125 gramos de la pulpa de almendras que nos quedó en el colador tras el filtrado
110 gramos de azúcar moreno
2 huevos
20 gramos de aceite de girasol
75 gramos de harina integral
Una pizca de sal
Una cucharadita de postre de levadura

Elaboración
Precalentar el horno a 180º y forrar el molde con papel para horno
Poner el azúcar en el vaso de la thermomix y pulverizarlo, programando 15 segundos velocidad 8
Añadir el resto de ingredientes: la pulpa de almendras, los huevos, el aceite de girasol, la harina, la pizca de sal y la levadura
Mezclar durante 30 segundos a velocidad 4
Verter la mezcla en el molde y hornear durante 30 minutos




No os olvidéis siempre de comprobar el punto de cocción del bizcocho con un palillo largo. Si aún no está cuajado, dejar unos minutos más.

lunes, 5 de junio de 2017

Retox, yoga para la vida moderna



Mi bibliobús tenía esta joya escondida y yo la encontré. No había oído hablar de este libro, pero me lo llevé a casa sin dudar. Al principio no conecté mucho con él: se me desencuadernó una parte a pesar de que parecía que nadie más lo había leído antes, todo iba en blanco y negro, incluso las fotos de alimentos, no entendía muy bien cómo se estructuraba la información y por qué había recetas cada poco. Sólo tuve que darle un poco de atención y mi amiga Lauren me regaló toda su sabiduría. Digo mi amiga porque sin conocerla, me ha caído tannnn bien, que estoy deseando que vuelva algún día a Madrid para poder hacer yoga con ella.



Retox, el método creado por Lauren y que divulga desde su estudio I.AM.YOU en Nueva York, está compuesto por yoga, alimentación y actitud. Se trata de una manera holística de afrontar la vida real actual. Abandonemos el concepto de que las cosas son perfectas: cuerpos perfectos, vidas perfectas… y pasemos al siguiente nivel. Partiendo de la base de que los problemas y las situaciones que no deseamos forman parte ineludible de nuestra vida, busquemos soluciones reales y no soluciones que sobre el papel son perfectas, pero poco aplicables a nuestras estresadas vidas. 

Yoga se suele asociar a paz, pureza, energía… pero nuestra vida no es así, y a no ser que seas un ermitaño, solemos estar cargados de agendas imposibles y muchos planes por llevar a cabo, en el mejor de los casos. Nuestra alimentación debería ser nutritiva para afrontar todos nuestros quehaceres… pero si vives en una gran ciudad es posible que te alimentes más veces de las deseadas de comida rápida. Nuestra actitud debería ser siempre positiva, proactiva, inteligente… pero con esta falta de tiempo es posible que más de un día acabes presa del desánimo o de la ira. Y deberíamos hacer algo de deporte a diario, pero ¿quién no se incluye entre las personas que pronuncian la frase “no tengo tiempo”?

Pues por ahí van los tiros. No podemos quitar elementos de nuestra vida, tenemos que lidiar con ellos día a día. Por lo que Lauren, chica inteligente, nos propone que busquemos opciones a través de la construcción y el amor a nosotros mismos: nos da claves en forma de yoga, alimentos y actitud para incluirlos en nuestra vida, huyendo de las restricciones y los prohibidos habituales en las tendencias detox y que no hacen más que agobiarnos más todavía. 

A lo largo del libro, interesante por sí mismo, Lauren además va desgranando su historia: mujer muy activa, fuertes raíces familiares, estudiante, entusiasta, trabajadora infatigable… historia salpicada por problemas que cualquiera podemos tener: estrés, autoexigencia excesiva… a los que Lauren supo sacar el partido y buscar una solución constructiva. He visto alguna entrevista suya, y la verdad es que es una persona que contagia su entusiasmo.

Tras una introducción general a su visión y plantamiento Retox, cada capítulo se dedica a buscar la solución a dichos problemas habituales: estrés, dolores de espalda, adicción a la tecnología, síndrome premenstrual y tripa hinchada, insomnio… y así hasta 27 situaciones que muchas veces padecemos.

Comparto con el libro la sensación de que si en general cuidas tu cuerpo y tu mente, no pasa nada si otros días te das a la fiesta loca. ¿Qué sería perfecto cuidar de nuestras células a diario y meditar a diario? Por supuesto… pero como hemos dicho, nuestras vidas no son perfectas, ni lo son los tiempos que nos ha tocado vivir. Y la vida es demasiado corta como para basarla en cosas que no hacer en lugar de cosas que sí queremos hacer. 

Por lo que yo me apunto al Retox y como propone Lauren me preguntaré a diario si he tenido mi dosis de retox diario: ¿has sudado? ¿has nutrido tu cuerpo y has compartido este momento con alguien querido? ¿ha disfrutado? Pues entonces, será el momento de agradecer a la vida por brindarnos la oportunidad de hacer estas cosas un día más.

sábado, 3 de junio de 2017

Dos en la carretera: Mallorca en primavera



No me cabe ninguna duda de que Mallorca se asocia fundamentalmente a la época de verano, las playas y el turisteo. Pero no os quedéis sólo con esa imagen. La isla de Mallorca tiene mucho que ofrecer fuera de la temporada estival. Si estáis buscando un plan distinto para lo que resta de primavera, un viaje de 2 o 3 días lejos de vuestra residencia habitual y que os de un impulso vital para llegar con ánimos al verano, Mallorca es una buena opción. Porque ya apetece  sacar los cuerpos al sol y a la naturaleza, y en Mallorca encontraremos esto y mucho más.


Hace ahora justo un año, ese fue nuestro plan. Así que, con conocimiento de causa, os cuento que un fin de semana en Mallorca, sobre todo si encontramos unos vuelos baratitos, merece la pena. Y para que veáis que no miento, todo esto es lo que hicimos y os sugiero si algún día vais a Mallorca.

La ciudad de Palma será parada obligatoria. La catedral y la zona de alrededor es simplemente espectacular, y por mucho que la hayas visto en fotos o en la tele, asombra su monumentalidad. Cuando nosotros estuvimos tuvimos la suerte de toparnos en tan magnífico entorno con un market de foodtrucks, con música en directo. El lugar emanaba una mezcla muy acertada de ambiente de fiesta de barrio antiguo, con sus bombillas y sus puestos, con la modernidad de las caravanas y sus comidas del mundo. Sin duda, un buen recuerdo. Las calles cercanas y el barrio gótico son también un paseo imprescindible. Calles llenas de vida, bares y gente, unido al encanto de sus edificios y su trazado estrecho, harán que te sientas realmente de vacaciones. Para visualizar esta sensación, sólo tienes que imaginar que llegas allí un viernes, después de una dura semana de trabajo y de repente estás tan cerca de la brisa del mar, con una caña en la mano y mirando al cielo azul en una estrecha e histórica calle.



Después de esta bienvenida, a la que nadie en su sano juicio diría que no, yo te recomendaría acercarte al Mercado de San Juan. Está algo alejado de la zona más turística, pero puede ser la ocasión de estirar las piernas, pasar por la Ópera y la Rambla y ver zonas menos turísticas de la ciudad, que es algo que siempre resulta interesante. En el Mercado de San Juan encontrarás distintos puestos especializados en distintos tipos de comida: tortillas de patata de pulpo o chipirones, croquetas de mil sabores, comida italiana, asiática… vermú, vinos y cervezas, cafés y pasteles. Y casi seguro que también tendrás la suerte de encontrar música en directo. ¿Qué? ¿Cómo lo ves? Yo me iría de nuevo ahora mismo.

Y por supuesto, no puedes irte de Palma sin probar una buena ensaimada. Yo te recomiendo Forn Fondo por varios motivos: unas ensaimadas espectaculares, bien preparadas para el viaje en avión si es que esa es tu idea, una buena atención al cliente, un local con mucho encanto y una ubicación muy accesible. Aciertas seguro.

Parece que no, pero una tarde en Mallorca da mucho de sí.

El sábado te sugiero que te adentres en la Sierra de Tramuntana, una zona que esconde algunos de los pueblos más bonitos y bien cuidados de nuestra geografía. Nosotros nos centramos en conocer Valldemosa y Sóller, que se pueden ver perfectamente en la misma mañana. 

En Valldemosa encontrarás las típicas calles empedradas, de edificios de piedra, macetas, plantas y flores en cada esquina. Y unas bonitas vistas de la sierra. Además del dulce típico de Valldemosa, la coca de patata. Ideal para llenar un poco el vacío de media mañana antes de salir a visitar el siguiente pueblo.


Sóller es un lugar con mucho encanto: una plaza bulliciosa en la que admirar un precioso edificio proyectado por un discípulo de Gaudí. El encanto de Sóller, más allá de esta plaza, reside en su tranvía antiguo y en una calle comercial en la que encuentras desde fruterías y droguerías de toda la vida, hasta los comercios más actuales. Sóller me dejó la impresión de ser un lugar con mucha vida y me consta además que había propuestas muy gourmet para comer. Pero nosotros ya teníamos mesa reservada, así que nos quedamos un poco con las ganas de picoteo.


Nuestro plan, por tanto, continuó con comer a lo grande. Y para ello elegimos El jardín, galardonado con una Estrella Michelín. Para quien no va habitualmente a lugares de este tipo (o sea, yo), te puedes sentir un poco en otro mundo. Te prestan tanta atención y te tratan tan bien que puedes llegar a sentir la incomodidad de ser el centro de atención. Pero es sólo una impresión inicial. El personal acabó hablando con nosotros de cosas cotidianas de la vida. Pero a lo que vamos, la comida… La Chef nos dio la bienvenida en persona con un pa amb oli muy especial. Y el resto de platos fue una sucesión de sabores tan intensos, que es una experiencia muy recomendable. En una palabra, y como ya he dicho en alguna ocasión al hablar por aquí de otros lugares prodigiosos, es simplemente espectacular cómo se pueden conseguir sabores tan definidos y explosivos en una cocina. Pruebas cosas que nunca has probado, sabores y texturas nuevas. 



Sábado tarde, ¿quién dice que no a un ratito de playa? Da igual no bañarse, aunque sería mucho mejor hacerlo por supuesto. Pero ¡qué placer más grande que una playa azul cristalina con pececitos nadando para ti y 3 escapados más! Una tarde de sonido de olas, de un buen libro con una buena compañía. Un buen paseo de pies descalzos por la playa...



El domingo por la mañana, antes de que llegue la hora del vuelo de vuelta, puedes perderte de nuevo por algún pueblo de la Tramuntana, puedes aprovechar y comprar souvenirs en Palma, puedes aprovechar para disfrutar de un largo y lento desayuno y de unas pocas horas más de relax al sol. Que fue lo que hicimos nosotros: cargar las pilas en el paraíso para la dura vuelta a la realidad.

jueves, 1 de junio de 2017

Llegando a fin de mes

A un paso del fin de curso, Mayo se suele caracterizar por ser un mes de papeleos interminables: la declaración de la renta, los papeles del cole, seguros varios... si a esto sumamos llevar el coche al taller y tratar de hacer limpieza de primavera, puedo concluir que mis niveles de energía este mes han estado bajo mínimos. Mis objetivos para el mes vuelven a quedar... ¡¡inconclusos!!

Aún así, la vida es una fiesta y siempre queda hueco para cosas chulas. ¿Y cuáles? Os estaréis preguntando...


La que más concentrada me ha tenido este mes ha sido cocinar. A la foto me remito. Y sobre todo, hacer pan casero. Por fin he hecho un curso en el que he aprendido lo más básico y he conseguido una masa madre de verdad después de dos intentos de andar por casa. He aprendido que lo más importante a la hora de hacer pan (y en general a la hora de cocinar cualquier cosa) es la materia prima. Así que si queremos un pan de verdad que alimente y sea sano y nutritivo, hay que prestar atención a la harina que compramos. Jugar en casa a ser panadera es un vicio gracias al cual tengo a mis conejillos de indias probando cada semana las elaboraciones que se me ocurren.

Este mes he terminado uno o dos libros, y veo que se me están acumulando las reseñas y otros asuntos, para no variar. Ha sido un mes poco productivo en lo que bloggear se refiere. Bueno, y en general, no nos engañemos.

Este mes me ha dado por escuchar Las cuatro estaciones de Vivaldi, que junto al canon de Palchelbel consiguen relajarme y me dan una especie de felicidad simple y boba. Si el canon ya estaba, las cuatro estaciones pasan a mi lista de "canciones" favoritas. Algún fragmento algún día me ha recordado a Cumbres borrascosas y todo lo que descubrí de esta obra hablando un día con mi amiga María.
Una tarde cualquiera de este mes visitamos en familia los decorados de una serie española muy trendy en la que se viaja a través del tiempo. Y la verdad es que lo pasamos genial. 

Este mes además me he hecho tour operadora y he organizado un viaje de rechupete para los abues. Después de buscar vacaciones para mi familia, he visto asombrada (porque lo había olvidado) que los viajes para dos pueden ser  tremendamente baratos. 

El plan de pareja del mes pasó por volver al teatro, esta vez a ver el monólogo de Espinete no existe, justo unos días antes de que se fuesen de Madrid. La verdad es que no nos gustó mucho. 
Con los niños y el buen tiempo los planes de parque y columpios se multiplican como las setas y yo he pasado a la fase en la que me bajo al parque con un buen libro, en plan asocial... aunque cada 2-3 líneas mi hija viene a decirme que si jugamos a perritos o a bebés... y al final leer, leo poco... pero siento que esos momentos al final nos gustan a todos.

Con ellos también y con la fiebre Vaiana hemos pintado piedras emulando ser el corazón de Te Fiti. Una manualidad que recomiendo a las familias con niños hechizados por Vaiana de Motonui.

Llamadme pelma, pero algún ratillo de este mes he estado planeando qué libros coger en el bibliobús de cara al verano, ya que creo que voy a poder tenerlos en préstamo hasta septiembre y en cantidades ingentes (jajajaja). He perdido un poco la pasión por comprar libros debido a varios aspectos, a saber: a) en mi casa no cabe un libro más, por mucho que yo me empeñe; b) en el trastero tampoco; c) alguno de los libros que acabo por comprar son un fiasco; d) los libros que me compro acaban siendo de los mismos autores casi siempre, mientras que el bibliobús me da una variedad tan deliciosa que me abruma. El último día que me pasé por él acabé con un libro del asteroide, uno con el que pretendo estrenarme con Murakami y otro de Edna O'Brien, de la que leí una entrevista que me dejó muy buen sabor de boca y tuve la suerte de topármela en las estanterías del bibliobús.

Volviendo al tema alimenticio, si es que la lectura no es también un alimento (al menos para el alma), este mes me he estrenado con una "receta" de las que espero que se queden conmigo: la leche de almendras casera. Enganchada a lo healthy ando...

Y en plan cinematográfico, este mes creo que he visto cero películas. Lo más, la enésima reposición casera de Trolls, Vaiana, La Bella y la Bestia...

Y como colofón de este batiburrillo, hace unos días fui con unas amigas a una actividad que simula CSI, en la que hay que resolver un asesinato a través de una historia y unas pistas. Lo pasamos genial, hacía mucho que las chicas no salíamos y nos echamos unas buenas risas. Además de resolver el crimen, tuvimos tiempo de hablar de lo divino y lo humano.

Y qué queréis que os diga... aunque vosotros penséis que esto son muchas cosas, acabo el mes con la sensación de que estoy echada a perder, que no doy más de sí y que necesito unas vacaciones físicas y mentales. Tengo la mira puesta en Junio, mes en el que pretendo levantar el pie del acelerador y disfrutar de la vida sentada en cualquier parte. 

¿Lo conseguiré? Se admiten apuestas.

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