martes, 13 de diciembre de 2016

Objetivos, hábitos y rutinas

Hoy ha sido uno de esos días rutinarios… rutinarios en el mal sentido de la palabra: aburrido, sin alicientes molones, sin perspectivas de nada… cargado de rutina pero de la aburrida, vaya. Eso sí, ha sido un día muy productivo, cargado de rutinas en el buen sentido de la palabra… bueno, quizá se me escapó lo de levantarme al primer toque de despertador. Pero no me engaño, los días perfectos no existen. Gracias a ese desliz, he podido escuchar en la radio que existe una canción que es la canción perfecta para relajarse. Quizá la puedas escuchar para tu rutina de ir a la cama si te cuesta conciliar el sueño, ya que dicen quienes la han creado y los expertos, que provoca somnolencia.
Y sí, hoy vengo a hablaros de rutinas. Ya que, de las cosas que he aprendido este año es que sin rutina y seguimiento de la misma, se hace difícil evolucionar, aprender, crecer... conseguir objetivos, en definitiva.
Lo que te voy a contar hoy te puede venir bien si estás en ese punto de “mis propósitos para el año nuevo son…”. Y si pasas del año nuevo pero te encantaría dar un empujón a algunas cosas que no terminan de arrancar o tienes una idea en mente con la que quieres comenzar desde ya, pues también te puede venir bien.
Yo, que soy muy pioneer en algunas cosas que luego descubro por la red que ya existen (ilusa de mí), a principios de año me hice una tablita en la que ir apuntando cuánto deporte hacía. No era la más bonita ni la más práctica, todo sea dicho. Pero cumplía mi objetivo: quería comprobar a simple vista si mi rutina deportiva de verdad era una rutina o un cuento chino que yo me quería creer. Pasaban los meses y seguía apuntando qué días hacía deporte y qué deporte hacía. Y eso me picaba a seguir haciendo las dos cosas: deporte y apuntarlo. Mi año, que más que año natural, se estructura según el curso escolar, y mi tablita, comenzaba en septiembre del año pasado y se centraba, deportivamente hablando en: salir a correr los lunes, ir a kundalini yoga los jueves e ir a nadar los viernes. Completito, variado, dos terceras partes por mi cuenta. Todo un reto, no diréis que no. Triunfé en yoga, falté a sólo una clase que luego recuperé. ¡Genial por los jueves! No me fue mal corriendo, si bien es verdad que los días de extremo frío y extremo calor no ayudaron a crear rutina. ¡Normal por los lunes! La piscina se me resistió, y eso contando que es el deporte que practico con más gusto, con el que más disfruto, con el que más me relajo, con el que más pienso en mis cosas y más me pone las pilas. ¡Regular por los viernes!

Como veis, no he dicho ¡fatal por los viernes!, ya que tener la información me ha permitido analizar y cambiar mi punto de vista sobre esto: quizá tenga que dar mas prioridad a las cosas que más me gustan. ¿Será fácil hacerlo? No, pero al menos lo intentaré.
Bueno, vayamos al grano. Porque os preguntaréis, ¿cuáles son las conclusiones de este estudio pionero en mi propia persona? Venga, hazte un café o una infusión y seguimos…
El punto fundamental es el que indicaba un poco más adelante: sin rutina, de la buena, seremos incapaces de lograr nada. Ni adelgazar, ni tener unos bíceps tremendos, ni comer más fruta y verdura, ni leer libros, ni aprender un idioma, ni acabar la carrera… si me apuras y en el mundo padres, ni de tener una vida social activa con tus mejores amigos. ¿Qué fue de aquello de “quedamos el primer viernes de cada mes”? Sin rutina y sin control nunca lograrás quedar con tus amigas. Vale que la improvisación en este punto puede ser un buen estímulo, pero como digo, si tienes hijos y no te planificas con tu pareja, adiós amigos, adiós intereses personales… Sabéis que me encanta leer. Pues bien, si no pienso en tener mi rutina de lectura, acabo por no leer nada. Mi rato libre del día comienza un poco antes de las 10 de la noche, y te aseguro que a esas horas se me caen los párpados casi sin proponérmelo. No tengo ni ganas de hacer lo que más me gusta, por lo que dar rutina a este objetivo, lejos de ser un suplicio, acaba por hacerme sentir bien al apagar la luz de la mesilla.
El segundo punto fundamental es que debemos llevar un registro por escrito de nuestras rutinas. Tener un registro de los objetivos que queremos lograr nos ayudan a lograrlos. ¿Te suena a Perogrullo, a vendemotos? Pues te explico por qué. Primero, porque al ponerlos por escrito no se te van a olvidar. Los vas a poder leer las veces que te apetezca. Segundo, porque si cada día que corresponda apuntas si lo has hecho o no, refuerza que no lo olvides y tu motivación aumenta. Y tercero, porque estás creando una herramienta de información valiosísima sobre tu persona y tus actos rutinarios. A veces pensamos que hacemos de maravilla una cosa, pero si realmente nos paramos a analizarlo podemos darnos cuenta de que no es así. A veces interiorizamos mucho una idea, un plan genial, y nos acabamos creyendo que de verdad es lo que estamos haciendo. O pensamos que llevamos 2 semanas sin ir al gimnasio pero reamente son 5… así de rápido pasa el tiempo si no tienes un buen control. A mi me pasa mucho con lo de “cocinar los domingos”. Pero resulta que luego los domingos lo último que me apetece es ponerme a rellenar tuppers como una loca. Lo triste es que yo en general me creo que los domingos cocino. Pero lo cierto es que la mayor parte de las veces me paso la semana improvisando y no se ni qué he comido, ni como variado... Si detectamos nuestros puntos negros, podemos ver en qué fallan y seguir avanzando.
Observar el registro nos ayuda a analizarnos y a seguir mejorando. No dejes que tus propósitos empiecen el día 2 y se esfumen tras el roscón de Reyes, que nos conocemos. Revisa, al final de cada semana o de cada mes cuánta rutina has realizado para conseguir eso que tanto querías. Si lo estás consiguiendo, ¡bien!, sigue así. Si no, no tires la toalla: analiza, piensa cómo mejorar el plan, la logística, los horarios… para conseguir lo que te habías planteado. A lo mejor lo de cocinar los domingos no está hecho para mi y me vendría mejor cocinar de más en cada cena y tener así los tuppers para comer a medio día, ¿no?
Días malos los tenemos todos. La vida no es perfecta ni nadie soportaría que así lo fuera. Por eso, no vale fustigarse porque hoy no fuiste al gimnasio, a lo mejor el cuerpo necesitaba más dormir una siesta de 20 minutos que ir sin resuello por la cinta de correr. No pasa nada: disfruta ese día perezoso, exprímelo, saca lo que puedas de él y dale al día siguiente la oportunidad de seguir en el punto donde lo habías dejado, incluso si es un viernes. ¿Por qué los buenos propósitos tienen más fuerza los días 1 o los lunes? ¡No discriminemos al resto de días de la semana, pobrecitos, son tan buenos como sus hermanos!
Si después de mucho intentarlo, apuntarlo, dejarlo, analizarlo, retomarlo... ves que una rutina se te resiste, a lo mejor es que estás intentando algo para lo que no estás hecho. O algo por lo que realmente no sientes interés pero crees que sí por presión social, por moda, por agradar a tu pareja o a tus padres… A mi me ha pasado con los famosos batidos de fruta y verdura. Conseguí el primer reto al que me apunté estupendamente: me sentía genial, ligera físicamente, animada porque veía que comía más cantidad de fruta y verdura sin esfuerzo… Lo he intentado en dos ocasiones más y no lo he logrado, lo que me ha dejado insatisfecha, desmotivada y con frutas y verduras en la nevera que de normal no consumo. Fuera de sentirme mal perpetuamente por este hecho, he comprendido que estas cosas, estas moderneces, no están hechas para mi: yo necesito un desayuno caliente, masticable, reconfortante… que puede ser igual o más sano que desayunar espinacas crudas con zumo de piña.
Estos son sólo algunos ejemplos. No creo que te esté contando nada nuevo. Sólo te lo cuento a mi manera y tal y como yo lo vivo. No sé, inténtalo, analízate. Habrá cosas de ti que no te va a gustar ver, pero todo el que tiene un propósito es porque no se encuentra satisfecho con el punto en el que tiene ese asunto: no saber inglés, no llegar a correr 10 kilómetros, no haber leído un libro en dos años, no viajar, no llamar más a los amigos… así que no está de más correr el riesgo de no gustarse a sí mismo si con eso conseguimos gustarnos un poquito más a través de los logros que vamos a obtener de nuestras rutinas.
Nadie dijo que fuese fácil vencer a la pereza ni que el objetivo lo vayamos a conseguir de inmediato. Pero aquí tampoco vamos a engañarnos: detrás de cualquier persona satisfecha de sus logros hay una secuencia de rutina que le ha ayudado a conseguirlo. Pon: ir a inglés los lunes, practicar piano los martes, nadar los miércoles, jugar al tenis con los niños los jueves, ver una peli los viernes, comer sano 6 días a la semana…
Y digo más: piensa en cualquiera de esas cosas que te da pereza hacer, para las que no encuentras lugar ni rutina. Casi me atrevo a poner la mano en el fuego si te digo que el 90% de ellas te las quitarías de en medio en 15 minutos. Piensa, ¿qué son 15 minutos en un día de 1.440 minutos? ¿Y qué me dices de la satisfacción de anotar en tu hoja de rutina que hoy sí, hoy lo lograste? ¿Qué loco se negaría a obtener un gran beneficio por una pequeña inversión?
Y para ayudaros a conseguir vuestros logros, comparto la que para mi se ha convertido en la hoja magistral, mucho más bonita y práctica que la que yo me hice hace año y pico. Está pensada para seguir los objetivos y sus rutinas mensualmente. Pero si le das una vuelta de tuerca también sirve para hacer un seguimiento anual a un solo tema. Yo la uso de las dos maneras y te aseguro que es una herramienta excelente. La puedes encontrar en el blog Clementine Creative.

Y como bonus track final, incluye la frase célebre de Aristóteles: somos lo que hacemos repetidamente. ¡Y en inglés, por si tu propósito es acabar siendo bilingüe! Así que ya ves, ni me estoy inventando nada nuevo, ni sacando a la luz ningún método revolucionario.
¿Te atreves con la rutina, con la buena?

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