viernes, 2 de diciembre de 2016

Dos (con compañía) en la carretera: El Monasterio de Piedra



Otoño es esa época del año en la que, entre otras cosas, hace ya un tiempo que volviste de vacaciones y apetece viajar un ratito para salir de la monotonía de la vida trabajo-cole-casa. En realidad esta es una excusa tan válida como cualquiera otra para hacer eso para lo que no haría falta tener excusa: viajar.

Todo este preludio para contaros que hace un par de fines de semana, pusimos rumbo al Parque Natural del Monasterio de Piedra. Este curso los niños tienen en el cole como tema central el Planeta Tierra, y concretamente los bosques y los árboles. Así que me pareció un buen lugar para visitar con ellos. Yo había estado a los 15 años y recordaba que el lugar me había sorprendido muchísimo, pero apenas tenía recuerdo de todo el paseo y la grandeza del parque.

Una vez más, el Monasterio de Piedra ha logrado sorprendernos a todos.

Visitarlo en otoño tiene atractivos como ver las tonalidades de las hojas de los árboles, una temperatura agradable para pasear (de hecho, la temperatura era muy baja en las poblaciones cercanas, pero allí, al abrigo de los árboles y formaciones rocosas, se estaba la mar de a gusto), una afluencia de gente aceptable… y si viajamos antes de Noviembre, poder ver la exhibición de aves de cetrería. Nosotros nos lo perdimos porque se había acabado la temporada… pero bueno, esa puede ser la excusa para volver algún día.


Desde Madrid, llegar al Nuévalos, localidad donde se encuentra el Parque y Monasterio, lleva poco más de dos horas. Es posible plantearlo como excursión de un día: salir pronto, visitar el Parque por la mañana, comer y visitar el edificio del Monasterio por la tarde. Y todos de vuelta, cansados, echar la siesta en el coche… ¡todos excepto el conductor!

Sin embargo, en Nuévalos podemos encontrar alojamientos con balneario, idílicos si queremos redondear el fin de semana dedicando el domingo a relajarnos del todo con un buen circuito termal.

El Parque natural es sencillamente alucinante. El río Piedra “lo da todo” en esta zona y ha creado paisajes de belleza impresionante: cascadas, torrentes, cuevas, y un lago, el del Espejo, que parece desmentir la vivacidad que tiene el agua en el resto de tramos que se visitan.


Sin duda, el Lago del Espejo, es uno de los parajes que mejor sabor de boca me han dejado en esta visita. Si bien la impresionante cascada de La Caprichosa es tan absorbente que podrías estar un buen rato alucinando con la fuerza de la naturaleza, el lago del Espejo es justamente lo contrario: nítidas y tranquilas aguas, en las que ves el fondo vegetal, las truchas… y el reflejo de árboles y montañas… de ahí su nombre. Si buscas paz, desde luego es un buen lugar para sentarte en uno de los bancos que hay alrededor, y dejar pasar el rato… o meditar y recargar las pilas.

Con niños esto es prácticamente imposible, así que nos queda la opción de buscar hojas, buscar palos, abrazar árboles entre tres, mirar peces…

El Parque está muy bien cuidado y señalizado, de manera que puedes hacer un recorrido completo siguiendo las flechas sin perderte ninguno de los espectaculares parajes. El paseo dura (con niños) un poquito más de tres horas a buen ritmo, esto es, parándose lo indispensable a hacer fotos y a atender sus fijaciones ;) Ellos aguantaron bastante bien el ritmo, aunque a la peque al final se le juntaba un poco el hambre con el sueño y le daba pereza seguir caminando.


En cuanto al edificio del Monasterio, ha sido rehabilitado en los últimos años y las celdas de los monjes se han convertido en un agradable hotel que cuenta también con circuito de aguas termales. Sin duda es la opción más redonda para visitar el lugar y desconectar, además también, del coche.


Nuestra entrada al Monasterio de Piedra incluía la visita al Parque Natural y una visita guiada al edificio y la compramos online, lo que también recomiendo porque además de llegar y entrar directamente sin pasar por la taquilla, incluye descuento.



A todos nos ha encantado este viaje, y lo recomendamos sin ninguna duda a todo el mundo: familias con niños, familias sin niños, abuelos, grupos de amigos… Eso sí, para personas con movilidad reducida, habrá lugares por los que será imposible transitar.




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