viernes, 30 de septiembre de 2016

Si vas a pestañear, hazlo ahora

Yo quería ver El Principito, pero el niño ya le había echado el ojo a Kubo. Me dejé ganar, se trataba de pasar un buen rato en familia y aprender (ambos) que ellos también pueden y saben elegir. Mi derrota se convirtió en una doble victoria: ahora tenemos otra cita pendiente con el cine para ver mi peli, y Kubo fue todo un descubrimiento.

Kubo y las dos cuerdas mágicas es una película llena de magia. Es asombroso cómo con la técnicia stop motion puedes ver en pantalla unos muñecos llenos de vida, valerosos y en los que se llega a entrever un alma bella. Kubo es un niño tuerto, que tras sobrevivir a la maldad de su familia materna y a una enorme tormenta en el mar, cuida de su madre y gana unas monedas en el pueblo gracias a los cuentos que canta y escenifica con pequeños muñecos de origami. A sus vecinos les encanta la historia que Kubo narra cada día, y que comienza con la frase "si vas a pestañear, hazlo ahora", pero que nunca logra terminar, ya que antes de que anochezca debe volver al resguardo de su hogar si no quiere ser encontrado por sus malvadas tías y perder su único ojo.

Hasta que un día... mejor ve a verla ;)

Como suele suceder en las pelis "para niños", tras las aventuras de los personajes se suelen esconder grandes lecciones para adultos. En este caso para mi Kubo ha sido, por un lado, un nuevo recordatorio de que la magia forma parte de nuestras vidas, tantos hilos invisibles que se mueven a nuestro alrededor y que tejen algunos de los episodios más importantes de nuestra vida. Y por otro lado, de nuevo el recordatorio de lo importante que es creer en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en nuestra esencia, sin caer en la necesidad de recurrir a elementos externos para vencer a nuestros miedos o lanzar nuestros sueños. El proceso de búsqueda que culmina en la comprensión de que lo importante, siempre, es ser uno mismo, incluso en contra de las raíces de las que procedemos y de todo aquello que nos han enseñado desde pequeños por nuestro bien.

Además Kubo me ha dejado una melodía en la cabeza. Y como los hilos mágicos invisibles están ahí, tirando tirando... resulta que la canción es una versión de una original de Los Beattles que yo desconocía. Y que la intérprete vivió, al igual que Kubo, una gran aventura en la que al final, con perseverancia, magia y confianza en sí misma, consiguió triunfar.





 



 

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