viernes, 15 de julio de 2016

La historia interminable



A principios de curso decidí comenzar a leer a mis hijos La historia interminable, de Michael Ende. Tenía ganas de releerla, pasar parte del curso acompañada de Bastián, Atreyu y Fújur. A pesar de que yo debí leerla sobre los 12 o 13 años, pensé que con 5 años recién cumplidos mi hijo ya estaba preparado para disfrutar de esta aventura. Y sobre todo tenía ganas de experimentar con él el proceso de leer un libro y ver después la película. Se lo hice saber desde el principio: “este libro tiene una peli, y cuando terminemos de leerlo entero, la veremos”.

Nuestra historia interminable ha durado 8 meses. Por las noches caen redondos a la segunda página y así no hay quien avance. Aunque visto ahora, hasta me parece poco tiempo. Algunas noches, y en los capítulos más farragosos, yo seguía leyendo aunque estuviesen dormidos, por ir avanzando, y al día siguiente les hacía un poco de resumen. También hemos tenido entre medias alguna época de parón. 



La Historia Interminable, leída con ojos de adulto, ofrece muchísimo más de lo que recordaba. Para mis hijos, ha sido la historia en la que Bastián ve cosas que nunca había visto, vive con dragones y seres fantásticos, salva a la Emperatriz infantil y su mundo, y vuelve a casa. Pero yo ahora he entendido la metáfora y he disfrutado muchos matices. Bastián es ese niño soñador, ávido lector y gordito que no encaja en el cole. Tiene un mundo interior maravilloso, lleno de historias y personajes. Un niño que lucha porque Fantasía, su mundo más preciado, no desaparezca bajo la racionalidad de los mayores, que no desaparezca simplemente porque nos hacemos mayores. ¿Y cómo hacer que Fantasía no desaparezca nunca? Derrochando, en todo momento, más fantasía sobre ella.

El Reino de Fantasía de vez en cuando y en un bucle infinito, está en peligro, y en esta ocasión es Bastián el elegido para salvarla. Otros humanos pasaron antes por ahí y también la salvaron. Pero Fantasía necesita ilusión e imaginación cada día para seguir viviendo y creciendo. Aquellos que en cada ocasión la defienden inevitablemente crecen, se olvidan de lo importante, a menudo enloquecen… y por tanto, Fantasía se va apagando, dejando lugar a la Nada. 

La Historia Interminable es esa historia que se cuenta a sí misma, dentro de sí misma, siempre hay alguien salvándola, siempre hay alguien leyendo esa salvación, siempre hay alguien escribiéndola. 

Me ha encantado releer esta historia. Me confirma que a veces releer no es perder el tiempo, sino encontrar algo que no fuimos capaces de comprender antes: bella metáfora de lo que supone crecer; Bastian, ese niño que quizá algún día fuimos y no supimos defender tan apasionadamente como él sí sabe hacer; Bastian, esos niños soñadores que tenemos entre manos y a los que no deberíamos cortar las alas.


En cuanto a ellos, mis pacientes oyentes, habitualmente tenían ganas de seguir avanzando en la lectura. La primera parte del libro es bastante asequible para niños de su edad, ya que se centra en un mundo fantástico bastante tangible: seres fantásticos, niños valientes, una búsqueda, un mundo que salvar... Pero cuando Bastián entra en el mundo de fantasía todo se vuelve un poco más metafórico y las historias, aunque siguen estando dentro de un orden de seres fantásticos, se vuelven mucho más enrevesadas, hasta el punto de encontrar algunas, como la de la ciudad en la que viven todos aquellos que no lograron salir de fantasía, que directamente creo que no comprendieron. 

Les ha encantado la letra capitular que inicia cada episodio en orden alfabético. Les gustaba mirar los seres que las adornan, pues sabían que antes o después esos personajes acabarían saliendo en el desarrollo del episodio. 

Y también les gustaba mucho el cambio de color en la tipografía. Y puesto que ellos no solían estar mirando el libro (aunque muy a menudo me pedían mirarlo), yo les iba diciendo dónde estabamos en cada momento, si en la realidad o en la fantasía, con un "ahora vamos con Bastián" o "ahora vamos con Atreyu".

Esas frases, para mi asombro, han formado parte de los juegos de mi hija de 3 años durante un tiempo y la he visto, con mis ojos saliendo de las órbitas, repetirselas a sus muñecas. Para el niño los pasajes que más preguntas e interés suscitaron fueron los relativos a las tres puertas que Atreyu debe cruzar en su búsqueda del salvador de Fantasía. Y de igual manera he comprobado que las esfinges siguen permaneciendo en su recuerdo. Lo que me confirma que para ellos la experiencia también ha merecido la pena y que han escuchado con bastante atención la lectura del libro.

La cita: Bastián no quería ser ya el más grande, el más fuerte o el más inteligente. Todo eso lo había superado. Deseaba ser querido como era, bueno o malo, hermoso o feo, listo o tonto, con todos sus defectos... o precisamente por ellos.
 
La peli nos gustó a todos: a los mayores por volver a ver una peli de nuestra infancia, a los niños porque veían cosas que antes habían imaginado, personajes que conocían, y momentos especiales como cuando fantasía vuelve a brotar de un grano de arena. A menudo, y ya pasado un tiempo, me relatan el que parece que ha sido su momento favorito: aquel en que la Vetusta Morla estornuda repetidamente y lanza a Atreyu al suelo, dejándole enfangado.

Sin duda, a todos nos ha gustado esta pequeña aventura. Y por ver si repetimos con éxito, ahora estamos leyendo El Principito, algo más corto, a ver si de aquí a las vacaciones nos da tiempo. 

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