jueves, 1 de octubre de 2015

Llegando a fin de mes



Septiembre ha pasado rápido como un tren de alta velocidad, pero pesadamente, como una locomotora a vapor. Cada uno de sus días, como vagones, todos muy parecidos, pero todos con historias distintas. Ha sido casi imposible alcanzar la, a veces, añorada rutina. 


La depresión post vacacional ha sido especialmente demoledora este año, y literalmente me veía incapaz de afrontar un curso entero en el trabajo. Sólo me faltaba agarrarme por las mañanas a la pata de la cama y llorar como un niño “no quiero irrrrrr”. Pero como el tiempo todo lo pone en su sitio, ha quedado demostrado que volver al trabajo no era para tanto y poco a poco todo vuelve a estar en su sitio.


Además de para superar la depre, Septiembre ha servido para preparar la vuelta al cole, celebrar los cumples del verano, rondas de médicos, nuevas extraescolares, noticias excepcionales de amigas lejanas, comidas y sobremesas agradables con amigos y paseos por Madrid (yujuuuu!!).


En este último apartado, dos descubrimientos relacionados con los productores de Madrid: el mercado de Puerta del Ángel, donde comprar fruta (que sabe a fruta) y verdura fresca, productos bio, artesanos… y picoteo. Y Big Food, en el Matadero, donde te reencuentras con los mismos productores, pero además hay casi 100 puestos donde degustar comida y bebida, todo excepcionalmente rico. Aún resuenan en mi paladar las croquetas de las Cremositas o los adictivos y exquisitos manolitos


Y un tercer paseo que nos llevó hasta el Mercado de Motores, al que tenía tantas ganas de ir.

Todos estos planes por Madrid muy recomendables y que se repiten mensualmente, así que si tenéis oportunidad, nunca está de más darse un paseíto.
Llegué a Septiembre sin un plan concreto y una vez visto su final, observo que lo he pasado inmersa en el hecho de ir viviendo cada día, sin muchas pretensiones: trabajar y ponerme al día tras la vuelta de las vacaciones, la tarde de parque, las cosas de casa y manejar los imprevistos. Me he ido dejando llevar, como en una especie de astenia otoñal. Pero no entendáis esto como el cierre de un mes triste o echado a perder, a pesar de que algunas asignaturas han quedado claramente suspendidas. Pero desde la perspectiva de otros años, en los que Septiembre era la revolución de poner la vida patas arriba y añadir un nuevo comienzo, este Septiembre ha sido un “slow september”. 
 
Y en esta dicotomía que me caracteriza, creo que me gusta ese aspecto apacible, siempre que de vez en cuando se inmiscuyan planes imprevistos y ganas de hacer cosas nuevas.



Y antes de despedirme por hoy, os aviso que en los próximos días tengo muchas cosas que contaros, ideas que nacieron en agosto y que darán sus frutos en octubre: os contaré las lecturas del verano y dado el retraso con el que voy, incluiré las primeras lecturas de otoño (la que tengo entre manos me tiene realmente enganchada); os contaré que tenía muchas ganas de saber qué opinaban mis amigas sobre el hecho de ser madre y mujer trabajadora, conversaciones que nunca da tiempo a tener y que como no quería quedarme con las ganas, se lo planteé en forma de entrevista escrita. Puede ser el primer tema de unos cuantos, ya que a todas nos ha gustado la experiencia. Tengo pendiente la reseña del último libro que me ha regalado Boolino, Los desiertos del Norte. Y os contaré mis planes para el curso 2015-2016, quizá los pájaros de mi cabeza y a lo mejor me dejo llevar por el pensamiento de que Nothing Gold Can Stay.

Ahí lo dejo...

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