domingo, 19 de julio de 2015

El gastro-finde

¡Dios mío qué de cosas se pueden hacer en Madrid! Siento que a mi ya empieza a faltarme vida para echar un ojo a todas las novedades de la capital. Novedades en general: que si tiendas, librerías cool o molonas, talleres creativos, pop up stores, fiestas, charlas, eventos varios, hasta festivales infantiles... pero ya si hablamos de novedades gastronómicas, es que esto ya es el no va más. Cada vez hay más sitios interesantes por los que dejarse caer. Das un paseo por cualquier calle y es fácil que encuentres 2 o 3 sitios a los que le echas el ojo, ya no sólo por lo los platos que ofrecen, sino también por la estética happy-vintage-cool-diseño que está de moda y que tanto me mola.

Peeero, amiguitos, a la hora de ir a comer a algún sitio con ganas de acertar, siempre es mejor ir si alguien te lo ha recomendado o si crees que allí pintas del todo y va a ser un acierto. Y algo así es la combinación que hemos hecho este fin de semana de tregua calorífera del verano más caliente del siglo.

Dejo ya de palabrear y os cuento el gastro-finde =)

El sábado teníamos mesa reservada para ir a La Candela restò. Fuimos por una recomendación que casi equiparaba este lugar al aclamado El Bulli. Nos dijeron incluso que estuvieramos atentos para ir antes de que les caiga alguna estrella Michelín. Yo no tengo mucha idea de estos temas (más allá de haberme visto Masterchef3 de cabo a rabo), pero ya sabéis de las tendencias foodie de mi marido, así que allá que fuimos.

De entrada os puedo asegurar que he comido cosas alucinantes y llenas de sabor. Lo de llenas de sabor os juro que es algo que me ha llegado al alma, ya que nunca había probado cosas tan sabrosas y esto me ha llenado de profundas dudas: ¿qué comemos a diario? ¿Cómo puede haber tanta diferencia entre lo que crees que es cocinar (o sea, lo que haces en casa) y lo que comes en La Candela? De entrada para mi ha quedado claro que para disfrutar algo así hacen falta horas de trabajo, formación, interés, pasión y genialidad en las manos para dar con la fórmula perfecta. Se trata de una cocina creativa y de fusión, con toques de Perú, Japón y de la cocina mediterránea. 

Como ejemplo, os dejo esta foto del postre-trampantojo. Increíble el sabor del bizcocho de té matcha (esa especie de esponja verde que véis arriba).

 Hasta probamos la flor de sichuan o flor eléctrica (que a mi me recordaba al carrrrrmín eléeeeeeectrico de Gru 2, jjijiji), un pequeño bocado de sandía, aderezada con esta flor nos provocó una sensación única en el paladar. 

Y bueno, ya a modo de comentario cuqui, pues decir que me encantó la decoración, la cristalería, la vajilla y la cubertería, además de encantarme el detalle de la cocina abierta justo a la entrada del local.

Resumiendo Jud, que si tus padres aún no han ido, deberías mandarles YA.

Y hoy por fin, después de meses intentando ir a Madr-eat, ¡¡lo hemos conseguido!! Y a mi me ha encantado. Esas furgonetas, rulots o food trucks tan bien plantados, tan bien cuidados, tan bien decorados... y con esa comida tan rica dentro. Tanta variedad sólo obliga a tener que volver en las próximas ediciones, ya que para un sólo día la cosa queda grande. Adolfo y Cris, compañeros de fatigas culinarias, la próxima vez no tenéis escapatoria. Muy buen ambiente y  muy bien emplazado, sobre todo para estos días de tanto calor. Y también, muy recomendable para ir con niños, como ha sido nuestro caso hoy. Hemos saltado, comido diferente, hemos visto fuentes, hemos imaginado cómo volaría Superman desde la torre Picasso. Yo, por mi parte, me he llenado la vista de diseño y cosas bonitas y me he llevado puesto un sano smoothie, un vermucito para compensar, alguna que otra croqueta y una buena hamburguesa.





Supongo que mañana no queda otra que volver al gimnasio. Pero ¡¡¡qué gran fin de semana para mi barriga y mi paladar!!!

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