domingo, 21 de junio de 2015

Melodías de verano


Caluroso verano a 300 km de la playa. Cualquier día entre semana, cuatro de la tarde tumbada  a la orilla de la piscina, sol abrasador, chicharras haciendo su trabajo sobre monte seco, la mano que entra y sale del agua fresca, refrescándose a sí misma y al silencioso ruido de las chicharras. Chapuzón y vuelta a empezar. Se mastican las vacaciones y la agradable soledad de la siesta de los demás.


Ocho de la tarde, lectura a la sombra, boca abajo, pies danzando al cielo. Pelo fresco con aroma de champú. Mejillas y cuerpo alegres por el baño de sol. Mismo silencio turbado, producto de un día entre semana en zona residencial. Bajando por la montaña, comienzo a escuchar una melodía. La casa más cercana puede estar a 800 metros, y sin embargo llega nítida, bañada por la distancia, como a través de un tubo línea directa, pero saliendo por cada poro del mismo creándose ese sonido nítido y envolvente que sólo puede darle la distancia. Me atrapa y me saca de la lectura. Media vuelta, cierro los ojos. Creo que la conozco y sin embargo no soy capaz de saber por qué ni desde cuándo.




Cada vez que escucho esta canción consigo ponerme en este punto de partida. Cierro los ojos, veo la casa, la montaña, siento el frescor de la caída de la tarde, el olor de vacaciones, piscina, sol y silencio turbado por melodías de verano. 

Feliz verano.

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