viernes, 3 de abril de 2015

Dos en la carretera: Madrid-Roma, viaje de vuelta



Hoy seguimos con la segunda parte del viaje Madrid-Roma en coche para realizar el recorrido de vuelta a casa. Para hacer la vuelta de Florencia a Madrid era decisión obligatoria recorrer la Toscana. Ese territorio de colores ocre, flores, girasoles y gente feliz que estamos acostumbrados a ver en las películas.

Día 11. Florencia-Siena. La plaza del Palio de Siena es uno de esos lugares de sentarte y estar horas, admirando su geometría y su Torre del Mangia. Imaginando las carreras de caballos. Saboreando un helado. Mirando a la gente feliz por estar en Siena. El alojamiento en Siena fue todo un acierto, el Hotel Porta Romana, fuera de las murallas, con unas vistas impresionantes de la Toscana. Tuvimos además la suerte de estar en Siena en fiestas y de que los dueños del hotel celebraran una merienda con los huéspedes. Sin duda, un gran recuerdo, esas vistas y esa pequeña fiesta familiar.
Día 12. Siena-Monterriggioni-San Gimignano. Monterriggioni y San Gimignano son dos pequeñas poblaciones medievales preciosas, de cuento, y muy bien conservadas. San Gimignano es conocida como el Manhattan medieval, debido a sus altas torres aún en pie. Además tiene en su plaza la heladería Dondoli muy conocida y premiada durante varios años por tener los mejores helados de todo el mundo. Y doy fe del premio. Mamma mía, qué helados. 

Hasta este momento el viaje fue de paliza, mucho coche, mucha caminata, mucha ciudad por ver y exprimir. Comenzaba ahora, en el alojamiento elegido, una parte más relajada. Nos quedamos en el Hotel San Michele de San Gimignano, con piscina y también ubicado con vistas a la naturaleza. Supongo que nunca olvidaré ese moreno “agroman” que lucimos en su piscina, ganado a base de patear calles de sol a sol.

Día 13. San Gimignano-Pisa-Lucca. A Pisa le dedicamos poco tiempo, y nos concentramos en ir a ver su monumento más conocido: la torre inclinada de Pisa. Esa imagen que todos tenemos hace que no conozcamos su ubicación y entorno real: un majestuoso campo verde con un conjunto arquitectónico impresionante, el formado por la catedral y su campanario, la mismísima Torre de Pisa. 


Como he dicho en Pisa estuvimos solo el rato para ver la torre, y nos fuimos de allí “muy depisa muy depisa” (perdón por el chiste malo...) dirección a Lucca, otra ciudad toscana que esconde grandes monumentos y cosas que hacer. La Torre del Reloj, la torre Guinigi que tiene árboles en lo alto, la Catedral de San Martín (preciosa) y otras tantas iglesias. Su plaza ovalada es también un gran lugar para tomar un café y descansar un rato. Pero como lo de descansar no va mucho con nosotros, decidimos alquilar unas bicicletas y dar un paseo por una especie de carril bici que rodea la ciudad y que permite admirarla desde otra perspectiva.

Día 14. Lucca-Cinque Terre-Levanto. No puedes ir a Italia en un viaje como este sin visitar Cinque Terre. Cinque Terre es un viaje que de por sí merece la pena hacerlo de manera independiente, para ir caminando de pueblo a pueblo, sin prisas y disfrutando tranquilamente. Formado por Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore, pueblos que cuelgan de la costa, con casas apiladas, de colores, pequeñas playas, puertos y restaurantes bulliciosos. Un camino une las 5 poblaciones y creo que también un tren las enlaza. Un lugar mágico. Tras la visita a Cinque Terre nos fuimos a Levanto, uno de los últimos destinos antes de volver a casa. Aprovechamos para descansar, ir a la playa, retomar fuerzas y dar un paseo que nos permitió ver un pueblo más en fiestas, con su desfile típico y la gente disfrutando de la calle.

Día 15. Levanto-Beziers. Aprovechamos la vuelta a Francia para parar en Mónaco, visita que habíamos tenido que suprimir a causa de la avería del coche (te acuerdas, ¿no?). El kilómetro cuadrado más concentrado y rico del viaje, el palacio de los Grimaldi, el castillo y su plaza, el circuito de fórmula 1 y el casino. Y de Mónaco a Beziers, población elegida porque se me metió entre ceja y ceja ver el Canal du Midi. Al llegar a Beziers ya no teníamos fuerzas ni para mover las pestañas, así que decidimos darnos un homenaje en forma de cena y dormir pronto para volver al día siguiente a casa.

Día 16. Vuelta al mundo real. Beziers-Madrid. 881 kilómetros. Vuelta a casa con la maleta llena de recuerdos, momentos disfrutados, dolor de pies, añoranza de pizzas al taglio, helados de sabores nunca vistos y el  “ma qué cosa” rondando en la cabeza y gesticulando en las manos. 

Un viaje 100% recomendable si quieres ver historia, arte, comer pizzas y helados, saborear café y granizados. No te quedes con las ganas y pregúntame si te ha quedado alguna duda. Además de los pocos hoteles que he mencionado aquí, puedo darte alguna idea más.

Gracias por pasarte por mi blog.

2 comentarios:

  1. Es uno de mis viajes pendientes, volver a Italia, estuve con 13-14 años en Ostia y en Roma pero a esas edad pues no te acuerdas mucho. Tengo ganas de volver con la vista de un adulto y la memoria de un adulto jejeje
    Un beso guapa

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    Respuestas
    1. ¡Hola! Gracias por tu comentario. Italia es como España, en cada viaje por cualquiera de sus regiones acabas descubriendo rincones que merecen la pena. Sin duda volver a Italia es todo un acierto.

      Un beso
      Laura.

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