lunes, 23 de marzo de 2015

Somos mujeres, yes we can

Este mes estoy tan atareada que mis secciones de los viernes están siendo un caos. Para remediarlo, esta semana llegarán las tres que faltaban. El miércoles, el objetivo makeover que ya os adelanto que está... ¡¡¡cumplido!!! El viernes llegaremos a fin de mes. Y hoy os dejo con la colaboración de mi hermana. Que lo disfrutéis.

Marzo es el tercer mes del año y me tocaba idear un tercer centro que, en la línea de los anteriores, significase algo para mí y que sea extensivo de mi persona: es una forma diferente de estar en casa cuando no lo estoy (o sea, casi todo el rato). Al menos esta marcianada que sólo pienso yo, me sirve de consuelo cuando me entra el síndrome de "la mala madre" (cosa más frecuente de lo que me gustaría).

Empecé a pensar en el centro de mesa de marzo cuando febrero casi acababa, así que una de las premisas era hacerlo lo suficientemente sencillo como para que me llevase muy poco tiempo su elaboración, porque eso era, precisamente lo que menos tenía: tiempo.

Como os digo, pensando en la temática que iba a elegir, la primera opción fue llenar la mesa de flores por ser éste el mes en que entra la primavera. Pero era algo demasiado obvio, impersonal e incorrecto, porque por mucho que estemos a punto de abandonar la estación invernal, el tiempo no acompaña.

Pensando y pensando, llegué a la conclusión de que marzo es un mes femenino: llegan los primeros brotes a las plantas, los pajaritos ultiman sus nidos para recibir los huevos, la primavera la sangre altera... en fin, creación y nacimiento en estado puro.

Además de estas cosas que pensaba, empezaron a pasar cosas a mi alrededor que no dejaban de recordarme que las mujeres somos grandes, inmensas, poderosas... lo más.

Y ¡voilá! supe que mi centro de mesa tenía que tener carácter femenino, máxime cuando en este mes se ha celebrado uno de los días oficiales más absurdos del calendario (sin acritud, es sólo mi punto de vista): el día de la mujer trabajadora.

No me considero nada feminista en el sentido combativo del término, de hecho me aburre un poco todo el tema de los "micro y macro machismos" que están tan de moda (qué cosas somos capaces de nombrar los seres humanos, estoy súper acostumbrada a tomar un café con mi ❤️ en cualquier cafetería y que a él le pongan el sólo y a mí el con leche, cuando lo hemos pedido al revés; y no pasa nada, creedme, se cambia la taza y ya está).

Sin embargo, una cosa no quita la otra: creo firmemente que el mundo es femenino: desde el principio. Y si alguna vez llega el fin de la humanidad, será sin duda porque el sentimiento femenino ha sido aplastado. Toma ya: segunda marcianada que os regalo. Pero como decía antes: así soy yo.

El "yes, we can" me parece una de las mayores tomaduras de pelo a las mujeres (exitosa campaña ideada por el gobierno estadounidense cuando la mano de obra masculina estaba en el frente y las chicas tuvieron que sacar las castañas del fuego; años después, en los 50, se dejaron de castañas y quedaron relegadas a meter las tartas en los hornos porque los chicos tenían que volver a sus trabajos... en fin, qué cosas).

Por eso decía unos párrafos más arriba que no creo en el día de la mujer trabajadora, porque trabajadoras somos todas. Tanto si lo hacemos fuera de casa, o lo hacemos dentro, o ambos.

Así he resumido a las mujeres:





Capaces de generar vida y cosas preciosas, cuando a nuestros pies sólo hay suelos pedregosos; capaces de dar flores cuando no tenemos nada dentro; capaces de dar nuestra mejor cara cuando por dentro estamos rotas...



Dedico este post a todas las mujeres que conozco: las que triunfan en sus trabajos; las que lo acaban de perder; las que sufren mucho por el temor a perderlo; las que no lo tienen, ni falta que les hace; las que hacen uno por debajo de sus capacidades y no dejan de sonreír; las que tienen hijos; las que decidieron que era mejor no tenerlos; las que leen cuentos; las que no llegan a tiempo ni para eso; las que sueñan; las que lloran; las que disfrutan; las que sufren; las que perdieron el amor; las que lo buscan; las que lo tienen; las que están sanas y luchan; las que no lo están, y también luchan; las que se creen bellas; las que no; y las que muchas más cosas que no cabrían en este post por mucho que durase.

Todas mis mujeres imperfectas y llenas de defectos, pero humanas y maravillosas.

Y después de tanta chapa, voy a contrapesar un poco (jejejejeje) y también se lo voy a dedicar a los que la pasada semana celebraron otro día artificial (sin acritud, otra vez): el del padre.

A los dos padres de mi vida: el mío propio (porque le quiero más de lo que se lo digo: te quiero papá); ¡¡y el de mis hijos!! que se está ganando el título de "padre del año" con creces: te quiero, amor.

Hasta la próxima!!

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