lunes, 12 de enero de 2015

Centro de mesa de piedras pintadas

Hoy vengo con una colaboración muy especial. Desde que empecé con mi blog, y a lo largo de estos casi tres años, creo que más o menos ha ido quedando claro la importancia que mi hermana tiene en mi vida. Ella va haciendo sus cosillas con sus inquietudes y siempre tiene algo entre manos. Hace un par de semanas me enseño unos marcapáginas que se lió a hacer una tarde, y le dije que por qué no los enseñábamos aquí, porque tenían mucho encanto. Ahora se ha liado con otro proyecto, que desde casi los inicios me ha ido enseñando y me ha parecido precioso. Le volví a proponer cederle mi sitio para mostrarlo, y esta vez ha aceptado. Así que hoy, os dejo con ella. Espero que lo disfrutéis.



Mis finales y comienzos de año son complejos, básicamente porque no tengo claro cuando acaban unos y empiezan otros.
Tirar de calendario para poner el límite sería lo fácil, pero desde luego en mi caso, no sería lo correcto.

Nací a mitad de diciembre, por lo que mi año biológico acaba en esa fecha. Cada una de las veces en las que envejezco un poco más, siento que renazco cuando el resto de mi entorno parece agonizar (cronológicamente hablando), lo cual no deja de provocarme algunos malestares y sentirme "desincronizada" del mundo.

Las vacaciones escolares que acaban con el que fue trimestre de la vuelta al cole, podría ser mi segundo hito. Los monstruitos que llenan mi vida, comienzan un nuevo ritmo (difícil de seguir sin un riguroso entrenamiento previo, jejeje) y parece que empezase otra vida de ires y venires a todas horas.

Junto a la familia vivo el fin de año oficial, ese en el que todo el mundo piensa en hacer cosas nuevas, retomar otras que quedaron antaño olvidadas, brindar con algo de oro en la copa y deseos íntimos en los corazones, que sólo se ven por fuera en las sonrisas que nos dibujan en la cara.

En cuarto lugar tenemos la vuelta al cole, para mí ese suele ser el inicio de año. Se madruga más que en días anteriores, se va al cole, se recoge el Belén, se limpia concienzudamente una casa desastrosa y se retoman las rutinas.

Este año, me siento feliz de que un quinto hito confunda un poco más mi calendario, y es que hoy comienzo en un nuevo trabajo. Y como todos los anteriores, y sin quererlo, marcará un antes y un después. Bueno, estoy pensando que como casi todo en la vida...

Desde hace muchos años, en estas fechas confusas de principios y finales, compro una nueva agenda que desprecinto con una ilusión infantil que no soy capaz de explicar (y que no quiero perder). Un cuaderno lleno de días por llenar... maravilloso ¿verdad?

Al revisar el del año pasado, constaté que había anotadas muchas más cosas tristes que alegres y que de mis propósitos de año nuevo no quedaban ni los restos más minúsculos. Así que pensé que eso tenía que cambiar... Y en ello estoy.

Una de las cosas nuevas para este año es hacer un centro de mesa diferente para cada mes, que colocaré en la mesa del salón y en el que plasmaré de algún modo, qué espero del mismo... y bueno, contarlo en este blog, que desde luego, estaréis de acuerdo conmigo en que es lo last!

Parece un propósito simple, pero quizá no lo sea tanto: elegí un centro de mesa mensual porque, más o menos (en mi cabeza, claro), sería como crear una energía invisible de círculos concéntricos que envolviese mi vida... Imaginaos el centro (que es centro de la mesa), la mesa (que debería ser centro del salón, como en las vidas de antes, cuando la tele no existía), el salón (que debería ser centro de la casa, por ser donde se reúne la familia), la casa (como centro de la vida)... y así hasta que se llene vuestro pequeño mundo. No sé si me explico...


Y este es el centro de mesa que decidí para Enero:




 

Después de un mes de locura a todos los niveles, llega Enero, con su cuesta más empinanda cada año... Pero ¿quién dijo que eso era malo? Es como una necesaria vuelta al hogar y a uno mismo (cosa muy sana, además de barata).
Como digo, lejos de ser malo, confieso que a mí me vuelven loca las tardes de quedarme en casa, de hacer manualidades, de meterme con los niños pertrechados de delantales y varillas de repostero en una cocina atiborrada de chachivaches para hacer un bollo... las mañanas de fin de semana de tomar un segundo café con mi amorcito mientras hablamos de cualquier cosa... los ratos placenteros de leer, pensar, respirar, de que el sol entre a raudales por las ventanas...



Así que eso es lo que cuento en mi centro de Enero, que a pesar de ser un mes duro y austero (como las piedras que he utilizado para hacerlo) puede estar lleno de color y los mejores sentimientos del mundo.





Así que el propósito de Enero es disfrutar de lo gratis, superando todos los empachos navideños, porque es lo mejor del mundo.


La esencia de todo esto ya la dijo alguien mucho antes que yo, y es que las mejores cosas de la vida... no son cosas.


Hasta la vista.

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