viernes, 7 de noviembre de 2014

Los días que hay en un día



Primera hora de la mañana y mi hermana y yo ya estamos cansadas. Me dice por wasap a las 7.08 “Qué sueño”, a lo que respondo “Llevo desde las 6.20 despierta con Paula. A estas horas ya ha transcurrido medio día energético”.  Y pienso: la de días que me caben en un día.


El día cronológico. Tiene 24 horas, de 0:00 a 23:59. Los padres y madres del mundo sabemos que esas horas son insuficientes para todo. Muchos días no sabemos de qué las llenamos, además de tareas, trabajo, planchas, lavadoras, cenas y baños. Se crean como lagunas de olvidos, ¿pero yo qué hice ayer? ¡No me acuerdo!


El día laboral. A pesar de que una se esfuerza por amar lo que hace, debemos reconocer que a veces el mejor momento del día laboral es la hora de la salida. Diciendo esto, sobra cualquier otra descripción del día laboral.


El día energético. Es ese que algunos días no existe. Porque te levantas taaaaaan cansada que te volverías directamente a la cama. Y no porque quieras dormir más, sino porque básicamente quieres, ¡necesitas! descansar. El día energético, hay días que a las 9 de la mañana ya empieza a agotarse, porque cuando te subes al coche para ir a la oficina después de hacer la ronda de colegios, tú ya no puedes más. Y sabes que te espera un “grandioso” día laboral.


El día después del colegio. Es ese que empieza por la tarde, en el que deberías estar otra vez al 100% pero que en el mejor de los casos afrontas con el 40% de tu integridad, con tu bolso, la bolsa de la merienda y la arena del parque que entra por los zapatos. Porque toca pasar la tarde en el parque, dar meriendas, devolver los libros a la biblio, ir a la pisci, a merendar a Ikea, a comprar, o lo que quiera que toque ese día. 


El día de baño y cena. Que sí que necesita energías para poder controlar todos los pies y manos que entran y/o salen por los agujeros de la ropa que no corresponden, que ya no sabes ni cómo desentrañar ese puzzle de cuerpos. La cena, regada por el cansancio de los mas pequeños que tampoco-pueden-ya-mas. Mamá, estoy cansaaaaaaadoooooooo,no puedo cenaaaaar porque me cansooooooo.


Y luego viene el día del “pis, pijama, los dientes y a la cama”, adornado con el día del cuento para que nunca nos acostemos sin saber algo más.


Mi día. Ese que empieza algunos días a las 21.30 y acaba a las 21.31, con una cabezada en el sofá que me deja dormida sin darme cuenta.



Afortunadamente para todos, hay días pletóricos, en los que el día energético dura las 24 horas del día cronológico, y esos días sí que te sientes la supermadre, la supertrabajadora, la supermujer...

Por lo que a final de cuentas, siempre vuelvo a la conclusión de que para que tengamos buenos días, tanto nosotros como nuestros pequeños, es fundamental que los papis estemos descansados, para estar felices, para afrontar el día laboral de forma triunfante y tachar tareas de la lista de pendientes, para disfrutar en el parque en el día después del colegio, disfrutar incluso de los pasillos del supermercado (que banalidad…), para hacer del baño la fiesta de la espuma, del puré de verduras el mejor manjar del mundo y del lavado de dientes una aventura a lo Indiana Jones. Y por supuesto, para tener nuestro rato de ocio y disfrute. Porque además de papás y mamás, y sobre todo, seguimos siendo personas.

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