viernes, 14 de noviembre de 2014

El salto, de Paola Rigiroli



Hoy me apetece hablar de este precioso (preciosísimo) cuento que encontramos por azar. Como todas las cosas buenas, que al final no se buscan, sino que se encuentran. Voy a menudo a la biblio con los niños. Tenemos una maravillosa biblioteca municipal justo enfrente del cole y a los tres nos encanta perdernos entre las estanterías, entre los cajones de cuentos y también, por qué no, imaginar nuestras propias aventuras entre los asientos-rocas-sobre-un-río-plagado-de-cocodrilos de la bebeteca… sobre todo a ellos.

Este verano buscábamos lectura para los días de vacaciones, y nos dio por explorar en un cajón al que nunca habíamos hecho caso. Encontramos 2 joyas. Una es El Salto, de Paola Rigiroli. Y la otra… bueno, la otra es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Me encanta coger libros de la biblio, pero debo de ser sincera para decir que una de las cosas que miro cuando cojo cuentos para los niños, es que estén bien cuidados. En las bibliotecas infantiles hay libros hechos trizas, literalmente. Y me da tanta pena… (no solo el hecho de que estén así, sino el hecho de que les traten mal).

Pero El Salto estaba impecable, diría que lo estrenamos. No pude esperar a llevarlo a casa para leerlo, y entonces tuve claro del todo que ese cuento se venía con nosotros. Tiene unos dibujos preciosos, sobre una ballena que quiere abandonar el grupo pero no termina de atreverse, porque entre otras cosas, tiene miedo. 

Un día la ballena por fin se atreve a hacer algo distinto y... bueno, mejor leedlo, pero os adelantaré que sólo le espera una gran y bonita sorpresa, preludio sin duda de un nuevo comienzo.

El cuento pasó un mes de verano con nosotros, saltando de maleta en maleta en vacaciones. De su lectura siempre me queda la idea de que este cuento para pequeños, esconde una gran lección para los mayores. Y como además su lectura siempre acababa con un "mamá, vamos a leerlo otra vez" me pareció que El salto debía quedarse con nosotros para siempre. Así que este bonito cuento, fue uno de los regalos que hice a Diego por su cuarto cumpleaños.

Moraleja, atreveos siempre a dar el salto, por mucho miedo o por mucho frío que sintáis.

 

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