domingo, 23 de febrero de 2014

Vendemos ficción

No hay más que echar un vistazo a facebook, egoblogs, pinterest... o casi cualquier otra red social que se preste. Todos vendemos nuestras ficciones. Mundos de color de rosa y lunares, fotos de viajes, fiestas, momentazos de nuestras vidas. Como si en la montaña rusa en la que estamos montados estuviese siempre en la subida más alta.

Nos creemos obligados a ser felices permanentemente. Y lo que es casi peor, a hacer creer a los demás que nuestra vida es lo que no es. Falta ver en todos estos lugares la peor cara de nosotros mismos. Conozco a muy poquita gente (casi me atrevo a decir que tan sólo una persona) que cuelga fotos en las que se ríe de sí misma, ofreciendo la cara menos bonita del día a día.

Más de una vez he leído en blogs altamente seguidos que sus vidas, obviamente, no son así, que el blog es un lugar de evasión en el que sólo hablar de cosas agradables y chulísimas. Pero claro, a una siempre le queda la duda de si realmente se puede llegar a ese nivel de super mamá: cenas ricas, variadas y vistosas cada noche, actividades dirigidas con los niños, fotos casi diarias para ver cómo crecieron nuestros niños 50 años después, mermeladas hand-made (que son mucho más sanas...) y así un largo etcétera.

Últimamente pienso que yo no quiero ser una super mamá. Intentar ser super mamá implica ser una mamá frustrada, porque el que mucho abarca, poco aprieta. Yo me he propuesto ser una mamá real, abrazar mis defectos, aplaudir mis victorias, hacer lo que desee en cada momento y respetar mi incapacidad (y la de todas las mujeres, no nos engañemos) para llegar a vivir en una constante perfección. Recordad, no se puede ser sublime sin interrupción

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