jueves, 19 de septiembre de 2013

Divagando

Qué pronto se van los años y qué largo es el camino.
A veces la vida me viene grande, y otras se me queda corta. 
Deseo saber de todo, y otro día sólo saber mucho de una cosa.

Siete días de vacaciones. Mañanas que pasan volando. Recoger a los niños del cole. Tardes de parque o de juego en casa. Paseos de mañana al sol. Retazos de conversaciones escuchadas al azar. Todo el mundo se queja. Todo el mundo es gris. Todo nos parece mal.

Nos gustaría estar en el mañana, o en el ayer. Y perdemos el hoy.

Los niños se harán mayores, y nunca habré jugado con ellos lo suficiente. Todo cuento será poco.
Me haré mayor, y no habré amado lo suficiente a la persona a la que más quiero en el mundo. 
Me haré vieja y nunca me habré puesto demasiado guapa.
El trabajo cambiará, o se perderá. Y el empeño que puse parecerá poco. Las relaciones con los compañeros se quedarán en superficiales.
Los blogs pasarán de moda, y pensaré que escribí poco ;)

Todos tenemos un día gris. Creo que en el fondo tenemos derecho a ello, incluso es inevitabble. Pero ese día se acaba, y el nuevo tiene derecho a ser distinto, sin arrastrar la melancolía del anterior. 

A los días grises hay que tratarlos como a los calcetines. No restregárselos a nadie por la cara, darles la vuelta, meterlos en la lavadora al final del día y una vez limpios, ponerlos de vuelta en el cajón, para que sigan siendo útiles, aunque tengan agujeros de tanto caminar.

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