jueves, 31 de enero de 2013

La maravilla de ser único e irrepetible

A pesar de ser millones de personas las que poblamos este planeta, todos tenemos algo mágico, y es que somos únicos e irrepetibles. Quizá uno no se de cuenta de este detalle en sí mismo, tan acostumbrados estamos a nosotros mismos y a que nos igualen desde pequeños en la escuela y más tarde en la vida de adulto.

Pero cuando tienes hijos, te das cuenta de esos detalles que nos hacen únicos e irrepetibles. A pesar de que todos hacemos las mismas cosas a partir de cierta edad (comer, andar, hablar...), verlos en tu propio hijo hace que se conviertan en únicos. Es más, cada día esos detalles vuelves a verlos con la misma ilusión que la primera vez. Eso pensé esta mañana cuando despertamos al nene e inmediatamente se puso a hablar. Me hizo una ilusión tremenda, como si fuera la primera vez que le escuchaba hablar. Igual que cuando le escucho repetir sus frases habituales "opa vez", "toavia no", "tú buchacho"...

Ser madre también es algo único e irrepetible, a pesar de lo que nos cansan los enanos y de que todo nuestro tiempo es suyo. Hace tiempo, leyendo el libro Vínculos, leí este precioso resumen sobre lo que suponer ser madre e hija al mismo tiempo:

- Mamá, ¿tú me quieres tanto como quiero yo a mi hijo?
- Sí, me respondió.
- Pues entonces me quieres un montón, ¡gracias!











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