viernes, 28 de diciembre de 2012

Dos carretes

... de hilo. Ha sido la compra fabulosa del día. Llevo 5 años (y pico) fuera de casa de mis padres, y ese es el tiempo que he tardado en dotar a mi "costurero" (caja metálica) de algo tan básico como un carrete de hilo blanco y otro de hilo negro. Y tengo dedal gracias a que mi madre vio que era imposible coserme las pequeñas cosas cada vez que venía a mi casa, así que decidió comprarme uno.

Hilos tenía, pero de los costureros de cortesía de los hoteles. Colorido múltiple, cantidad y calidad ínfima.

Esto da una idea de mis habilidades costureras (incluidas dentro de mis escasas habilidades manuales ya mencionadas en alguna ocasión). Hace pocos días preguntaba a mi familia porque me excluyeron en el reparto del gen creativo/mañoso... todos me miraron raro, lo que me hace pensar que algun don alternativo debo tener...

La compra de hoy es para mi toda una declaración de intenciones. Hace 2 días le dije a mi madre "quiero aprender a coser". A pesar de que se que no tengo paciencia, y que el poco tiempo libre que me queda al día lo dedicaría a cualquier cosa menos a remendar un calcetín.

Pero claro, yo tengo la ilusión puesta en miras más altas que un calcetín... ahora que el craft, el handmade y el do it yourself están tan de moda... esas cosas que hacen que las madres de ahora parezcan modernas y geniales haciendo cosas que nuestras madres llevan haciendo toda su vida (jerseys, remiendos, subidas de bajos, bizcochos, tartas, cortinas, ganchillo (o crochet como dicen los modernos), manualidades para el cole...). Pues a mi se me ha metido entre ceja y ceja aprender a coser porque quiero hacer patchwork. Ahí es nada... no es que pretenda hacer una colcha (que por otro lado, las colchas de patchwork me gustan más bien poco), pero hay cada cosita que se puede hacer y que queda tan chuli... luego esas cosas son pongos, pero la ilusión de hacerlo, usarlo y decir "pues con estas manitas"... es lo que más me apetece.

Hace 2 semanas descubrí una mercería en mi barrio. 5 años (y pico) viviendo en mi nuevo barrio y no había sido capaz de localizar una. Hoy entré por esa puerta, tan decidida, "dos carretes de hilo, uno blanco y otro negro". "¿Para coser a mano?", me pregunta la mercera... "sí" (triunfal, como si llevase toda la vida cosiendo a mano...). 

Y mi hijo contento, en el camino de vuelta, jugando con los dos carretitos, dentro y fuera de la bolsa. Si supiese qué de pensamientos dando vueltas por la cabeza de su madre han dado lugar a esa compra, supongo que pensaría... que tampoco es para tanto, que cómo me pongo yo a escribir de estas cosas...

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