lunes, 4 de junio de 2012

Lo mejor del Domingo

La tarde del Domingo fue una tarde de domingo rara. Una tarde de coincidencias curiosas: 3 de las personas con las que quedamos ese día, tuvieron 3 olvidos importantes.

Olvidar una mochila puede ser un fastidio. Pero puede ser un gran problema si has salido de tu ciudad y estás de visita. En tu mochila va todo lo que puedes necesitar, puede contener todo tu mundo en esos momentos.

Olvidar las entradas del teatro y darte cuenta a medio camino es un gran fastidio. Si vuelves, no te dará tiempo a ver la función. Y si no vuelves, llegarás al teatro... pero no podrás entrar en él...

Olvidar las llaves del coche puede suponer tan solo subir a casa. Pero si te están llevando de camino a recoger tu coche, supone dar la vuelta y volver a empezar el camino.

Todos estos olvidos tuvieron finalmente una solución fácil. Casi todos ellos pasaron, obviamente, por volver a la casilla de salida, para recoger el objeto olvidado. Pensé si acaso el olvido no es algo normal en la vida, aunque nos hacen pensar que un olvido es imperdonable.

Lo cierto es que lo mejor del Domingo pasó por hacer algo que teníamos ya olvidado. Y es que mi hijo y yo dormimos una siesta juntos. Hacía meses y meses que nuestro pequeño ya prefería volar libre y dormir solo, día y noche. Eso es genial, sobre todo porque no te despiertas a las 3 de la mañana con un pequeño pie en tus costillas, pero... cuánto le he echado de menos. Cuántas veces he querido acurrucarme con él y él ha preferido ir por su cuenta. Pero el domingo fue tan fácil... Nos tumbamos en la cama grande, nos quedamos abrazados, empecé a acariciarle el pelo, cogió mi mano con su mano y la llevó a su cara... y en un minuto estaba dormido.

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