lunes, 30 de abril de 2012

El día del libro (una semana después)

El pasado día del libro, el único que recibió un regalo en mi casa, fue nuestro hijo:


Desde hace un tiempo la palabra "na" (luna) se ha convertido en un básico de su vocabulario, gracias, en parte, a este cuento que su profe le enseña en la guardería. Mi hijo ve la luna en cualquier icono redondo o semicircular que se cruza en su camino. Ve la luna en el cartel de Unión Fenosa y ve la luna cuando pulsamos el botón del ascensor de Mercadona y se ilumina un semicirculito azul minúsculo... Mi hijo va en su triciclo mirando hacia el cielo, para poder ver la Luna.

Su alegría se desborda cada vez que ve la luna.

Así que, para que también pueda disfrutarlo en casa, pensé que sería un bonito regalo para el día del libro. Nos pusimos manos a la obra y descubrimos que no es tan fácil alcanzar la luna. Agotado en casi todas las tiendas, pudimos contar con la ayuda de su profe, y la misma persona que le descubrió esta historia de amistad y solidaridad, que demuestra que no debemos considerar a nadie inferior a uno mismo, nos descubrió también el lugar en el que encontrar un ejemplar de este best seller infantil para nuestro pequeño.

Y aquí confieso: en mi vida de lectora, huyo de los best seller como si ellos fueran aceite y yo agua. Pero cuando dicen que tener un hijo te cambia la vida, una vez más hay que dar la razón. Y si alcanzar la luna para tu hijo pasa por comprar un best seller, cuando por fin lo tienes en tus manos y se lo lees por primera vez, su cara de felicidad se lleva tus tontos principios como el viento borra las dunas de un desierto.

¡¡Y además viene con póster!!

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