jueves, 12 de abril de 2012

Diario de viaje: Oporto, majestuosa decadencia

Así me dijo mi marido que se define habitualmente a Oporto: majestuosa decadencia. Lo cierto es que esta definición le viene que ni pintada, ya que Oporto ofrece grandes lugares, y grandes abandonos. Todo ello forma parte de su encanto.

Como no trabajo para Lonely Planet, ni sé tanto de viajes como me gustaría, os voy a contar mi opinión de Oporto. La ciudad tiene varias visitas que uno no puede perderse si se deja caer por allí. Quizá la zona más reconocida por los turistas es la zona de la ribera. A un lado del río Duero, un cúmulo de casitas típicas de Portugal, con sus azulejitos y sus tejados de teja roja. Es un lugar muy turístico, lleno de bares y restaurantes, con terrazas.


Al otro lado del río ya no nos encontramos en Oporto, sino en Vila Nova de Gaia, población donde se acumulan las bodegas del famoso vino de Oporto. Otra visita imprescindible es la visita a una de estas bodegas. Mucha gente recomienda entrar en más de una, pero para una persona que no sepa de vinos, con entrar a una, creo que la curiosidad queda más que satisfecha. Nosotros visitamos la bodega Sandeman. Merece la pena no sólo por ver cómo crían el vino, sino también porque es curioso cómo esta marca ha cuidado su imagen comercial desde que fue fundada, allá por el año 1790.



La librería Lello e Irmão es otra visita imprescindible. Definida como la librería más antigua de Europa (ya estamos con los ranking) y conocida por ser escenario de algunas escenas de la saga Harry Potter. Realmente es un sitio mágico, con una divertida escalera, estantes llenos de libros y una vidriera como techo. Tuvimos que hacer una visita exprés, ya que el lugar estaba lleno de turistas (creo que fue el lugar con más turistas que vimos), y un señor librero en la puerta, daba entrada a unas personas mientras daba salida a otras  y repetía cansinamente y con mal humor "no foto". Así que... no tengo fotos. Podéis saciar vuestra curiosidad en google o youtube.

El mercado del Bolhão es otra visita curiosa. Un gran edificio, guarda en su interior dos plantas de mercado tradicional, donde comprar fruta, pescado, quesos, verduras, flores, ¡¡animales vivos!! y recuerdos de Oporto. Este es uno de los lugares emblemáticos de Oporto, que sorprende por su estado. No me atrevo a decir de abandono, pero sí diré que su estado parece el de un mercado de los años 50 del siglo pasado.




El café Majestic se encuentra en la calle más comercial de Oporto, la rúa Santa Catarina. Lugar muy turístico, un sitio histórico en el que parar a tomar un café.




La estación de San Bento, con sus impresionantes paredes repletas de azulejos que narran la historia de Portugal.


Y bueno, Oporto tiene más lugares que ver (torre de los clérigos, catedral, el palacio de la bolsa o la iglesia de San Francisco...), pero creo que estos de los que os he hablado, son los que más me gustaron.

Pero lo que más-lo que mas-lo que más me ha gustado de Oporto, es que de cada 5 comercios, 4 son Confeitarias (pastelerías). Todo tiene una pinta espectacular. Típicas son las natas, que son como los pastelillos de Belem de Lisboa. Y típico de esta época de pascua es el pão de ló, un bollo-bizcocho enorme que era imposible no ver... y no desear.

Y como el turismo no tiene cabida en mi mente sin la gastronomía de cada zona, seguiré hablando de comida. No os podéis ir de Oporto sin comer una franceshina, una especie de sandwich que incluye como ingredientes básicos jamón, salchichas y queso y en el que como extra tiene cabida todo lo que se os pase por la cabeza, y que sirven sobre una salsa.

Y por último, dejaré escrita la palabra que más me gusta ver cuando viajo a Portugal: cabeleileiro...

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